Un lugar, un recuerdo, un regalo…
UN LUGAR...
UN RECUERDO...
UN REGALO...
Entre 1730 y 1736, la tierra se abrió y Lanzarote cambió para siempre. Las erupciones cubrieron aproximadamente una cuarta parte de la isla, transformando su paisaje y la vida de quienes la habitaban. Bajo la lava quedaron aldeas enteras. Las fuentes oficiales mencionan unas treinta, entre ellas Chimanfaya y Santa Catalina, desaparecidas bajo las coladas.
Pliegues, planos y mucho trabajo para intentar simplificar algo difícil de contener: la inmensidad de Timanfaya. El metal adquiere profundidad para crear un pequeño paisaje que cambia según la forma en que lo miramos.
Hace aproximadamente 21.000 años, una gran erupción dio forma al Volcán de La Corona y a buena parte del norte de Lanzarote. Su nombre podría estar relacionado con la forma redondeada de su cono, semejante a una corona. Bajo sus lavas se formó un extraordinario tubo volcánico de unos 7,6 kilómetros, al que pertenecen la Cueva de los Verdes, los Jameos del Agua y el Túnel de la Atlántida.
El diseño parte de la silueta completa de La Corona. Su perfil y sus volúmenes se simplifican y se trasladan al metal, conservando las formas que permiten reconocer el volcán.
Creada por César Manrique en 1992, la Veleta de Arrieta transforma las corrientes de aire en un movimiento continuo. Sus formas cambian de posición con el viento y hacen que la escultura nunca permanezca visualmente quieta.
Una parte de la escultura llevada a un único plano. Sus líneas están estudiadas para que, incluso inmóvil, la pieza conserve la sensación de movimiento que caracteriza a la Veleta.
Una enorme pared volcánica se alza frente al Atlántico, en el noroeste de Lanzarote. Formado mucho antes que los paisajes de Timanfaya, el Risco de Famara conserva una de las historias geológicas más antiguas de la isla. Su nombre también ha resistido el paso del tiempo: aparece ya en mapas de finales del siglo XVI, casi intacto hasta nuestros días.
El diseño nace del perfil del risco, la línea irregular que separa la tierra del cielo. Un paisaje inmenso convertido en una pequeña forma, reconocible por su silueta.
El viento forma parte de Fobos. Creada por César Manrique entre 1994 y 1995, sus formas metálicas reaccionan a cada ráfaga y hacen que la escultura nunca se contemple exactamente de la misma manera. Una obra en la que geometría, movimiento y paisaje se encuentran.
El diseño conserva la esencia de Fobos, reduciendo sus formas y proporciones hasta convertir su particular geometría en una pequeña pieza que mantiene reconocible el carácter de la escultura.

En esta obra, César Manrique transforma una estructura de grandes piezas metálicas en un mecanismo que cobra vida con el viento. Sus elementos giran y se desplazan unos respecto a otros, haciendo que la escultura cambie constantemente según sopla el alisio.
El diseño toma uno de los elementos de la escultura y lo lleva a una escala mínima. Una forma que, aun detenida, recuerda el movimiento de la obra original y su relación constante con el viento.

En las laderas de Montaña Blanca, la erosión ha creado estrechos corredores entre paredes de roca volcánica. Sus cortes dejan al descubierto capas de materiales volcánicos, formas y texturas que parecen una gran cicatriz abierta en la tierra y cambian continuamente con la luz y las sombras.
Una pared, sus cortes y sus irregularidades se convierten en el punto de partida. La pieza recoge una pequeña sección de Las Grietas y transforma sus líneas naturales en un paisaje en miniatura.

Aquí comenzó uno de los episodios que cambiarían Lanzarote para siempre. El Volcán del Cuervo está asociado al comienzo de las grandes erupciones de 1730, que durante años transformarían buena parte de la isla. Su nombre, tradicionalmente relacionado con La Caldera de los Cuervos, podría deberse a las aves que habitaban la zona o a la propia silueta del volcán, parecida a la de un cuervo.
El diseño parte de la silueta completa de este magnífico volcán. Su forma se simplifica hasta quedarse con las líneas esenciales que permiten reconocer el volcán y trasladarlo al metal.

La Geria es uno de los mejores ejemplos de cómo Lanzarote aprendió a cultivar en un territorio volcánico. Las vides crecen en hoyos excavados en el picón, que ayuda a conservar la humedad, mientras pequeños muros de piedra las protegen del viento.
Aquí el propio paisaje se convierte en geometría. El diseño nace de los característicos hoyos donde crecen las parras, trasladando a una pequeña escala una de las formas más reconocibles de La Geria.

Caldera Blanca, llamada así por el característico tono blanquecino de sus laderas, es un volcán anterior a las erupciones de Timanfaya. Parte de su color se debe al caliche, una costra rica en carbonato cálcico formada sobre sus materiales volcánicos. Hoy, su perfil claro se alza entre las oscuras coladas que transformaron esta parte de Lanzarote.
Una pequeña fotografía convertida en metal. El paisaje se reduce a sus líneas esenciales, buscando conservar la silueta y la fuerza de Caldera Blanca en una pieza que puedas llevar contigo.

El inmenso cráter de Caldera Blanca alcanza casi 1.200 metros de diámetro. Recorrer su borde permite asomarse al interior del volcán y descubrir, desde lo alto, las formas y huellas que la actividad volcánica ha dejado en el paisaje de Lanzarote.
La pieza nace de las formas que el volcán deja sobre el territorio: contornos circulares que permanecen como huella de su origen.

Las Salinas de Janubio son las más extensas de Canarias y mantienen viva una forma tradicional de obtener sal mediante el sol y el viento. Sus estanques geométricos cambian con la luz y forman un extraordinario mosaico entre la tierra y el mar.
El propio paisaje ofrece la inspiración para recrear su juego de formas. Los estanques y sus diferentes planos se reinterpretan mediante plegados que aportan volumen y trasladan al metal la singularidad del entorno.
Antes de convertirse en jardín, este lugar era una antigua rofera utilizada para extraer material volcánico. César Manrique aprovechó la propia forma de la cantera para crear un espacio donde arquitectura, paisaje y vegetación terminan fundiéndose.
El cactus se reduce a una forma sencilla y estilizada. Una interpretación de sus líneas más características que convierte uno de los grandes protagonistas de la isla en una pequeña pieza.

Conocida popularmente como Monumento al Campesino, Fecundidad es una escultura de César Manrique concebida como homenaje a las mujeres y hombres que trabajaron la tierra de Lanzarote frente al viento, la escasez de agua y su naturaleza volcánica. Con sus 15 metros de altura, fue construida reutilizando antiguos tanques de agua y elementos procedentes de barcos.
El diseño reinterpreta la silueta del monumento a una escala mínima, convirtiéndola casi en un pequeño tótem que conserva la verticalidad y el carácter escultórico de la obra original.
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